Acceso versus propiedad | José Manuel Casado

Acceso versus propiedad

Las empresas están intentando reducir sus inventarios, cediendo sus equipos, subcontratando sus actividades. La propiedad de cosas físicas se comienza a considerar como algo obsoleto. Las compañías se afanan por establecer acuerdos y colaboraciones en las que los vendedores y compradores están siendo sustituidos por suministradores y usuarios. No importa lo que tengas sino lo que tardes en conseguir lo que necesitas. La rapidez de respuesta a las necesidades cambiantes nos hacen vivir en la cultura del nanosegundo. La velocidad se convierte en el factor crítico. El concepto tradicional de propiedad es demasiado lento para vivir en esta cultura de aceleración. En un escenario de producción individualizada, de continuas mejoras e innovaciones, de reducción del ciclo de vida de los productos, todo se queda anticuado de inmediato. La propiedad y las relaciones transaccionales del mercado dejan paso a las redes y prácticamente todos los productos poseen rasgos de acceso. El desplazamiento desde un sistema de posesión de bienes, que se sustentaba sobre la idea de propiedad, hacia un sistema de acceso, se apoya en la idea de garantizar el uso limitado y a corto plazo de los bienes controlados por redes de proveedores, cambiando radicalmente nuestra noción de cómo se ejerce el poder económico.

Paralelamente se está produciendo una mercantilización de la cultura humana, que trae consigo un cambio fundamental en la naturaleza del trabajo y el empleo. En la era industrial, el trabajo estaba ligado a la producción de bienes y servicios. En la era del acceso, las máquinas inteligentes, en forma de software y wetware, sustituyen de manera creciente el trabajo humano en la agricultura, las industrias e incluso en el sector servicios. La máquina sustituye al hombre y según previsiones, quizá a mediados de este siglo que acaba de nacer sólo se necesitará un 5 por ciento de la población para mantener el funcionamiento de la producción tradicional.

Además se está originando un cambio sustancial: del ethos del trabajo se está pasando al ethos del juego. Para los nuevos trabajadores el acceso comienza a ser un modo de vida en el que, aunque la propiedad sigue teniendo importancia, es más importante estar conectados. Los trabajadores del siglo XXI se ven más como elementos autónomos insertos en una red de intereses compartidos mundiales. La libertad individual comienza a verse menos como derechos de posesión y, por consiguiente, con capacidad de exclusión, y más como derecho de acceso e inclusión en redes interrelacionadas. En nuestros días los pilares del ahorro y el trabajo se están derrumbando. Ahora la gente lo que quiere es comprar, jugar y divertirse. El placer y el ocio son los pilares de la nueva realidad. Se espera una gratificación inmediata. Hoy la gente trabaja para aprender, para divertirse, para conocer gente nueva, para viajar y visitar lugares nuevos y para realizarse, para tener experiencias vitales únicas, más que para acumular propiedades y ser presos de las mismas. Hemos pasado del debo al quiero, de la obligación a la elección.

Estos cambios sociales trascendentales se asientan en la revolución de las comunicaciones y del conocimiento, ya comenzada. Así como la imprenta modificó la conciencia humana desde su aparición en el Renacimiento, el ordenador seguramente  tendrá un efecto parecido en el futuro inmediato. Casi un tercio de los hogares españoles ya tiene un ordenador personal –aun así, el porcentaje es bajo con respecto al de la media de la Unión Europea y al de los Estados Unidos– y los usuarios de Internet crecen a tasas que oscilan el 30 por ciento anual. Los protagonistas de este cambio son los segmentos más jóvenes de la sociedad, donde los porcentajes son mucho mayores, lo que merca la tendencia del futuro. Psicólogos y sociólogos han comenzado a apreciar que se está produciendo un cambio radical en el desarrollo cognitivo de los niños y adolescentes, de los llamados generación punto-com. Generación que prefiero llamar “pantalla virtual” porque toda su realidad la viven de manera virtual a través de una pantalla. Televisor, video juegos, ordenador, teléfono móvil, son los canales por los que los jóvenes entran en contacto con el mundo y con los demás. Esta nueva forma de cultura se extiende miméticamente hacia las capas generacionales inmediatamente anteriores y en los próximos años abarcará a la mayor parte de la población activa.

El traslado del comercio y de las relaciones económicas de la geografía al ciberespacio representa uno de los grandes cambios en la organización humana. Mientras que hasta ahora las relaciones se sustentaban en el intercambio de  bienes físicos y servicios en un espacio geográfico determinado, en la era de bit o del acceso se intercambian conocimientos y experiencias, cultura, placer, ocio e, incluso, fantasía en el ciberespacio. Sin embargo, los sistemas de compensación de la mayor parte de las empresas siguen orientados a la consecución y tenencia de bienes físicos y propiedades.

 

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