La gallina de los huevos de oro | José Manuel Casado

La gallina de los huevos de oro

No hay foro público, tribuna, artículo o entrevista que se precie en la que los primeros niveles directivos se olviden de resaltar algo así: “las personas son en nuestra empresa lo más importante”. Y en no pocas ocasiones lo están diciendo a la vez que están preparando un plan de reestructuración para deshacerse de parte ese activo que aseguran es tan importante y, esto querido lector es otra de las grandes contradicciones de la empresa.

La primera década de este siglo y sobre todo los tres años de este segundo decenio, han sido testigos directos de esta terrible contradicción empresarial. Los despidos se han sucedido en todos los sectores. Me gustaría llamar la atención sobre este punto: cuando tomamos la decisión de prescindir de nuestros trabajadores, ¿no se está vulnerando la confianza y matando el compromiso de nuestros profesionales?; y si pensamos intentar recuperar la confianza cuando vuelva la época de bonanza, ¿cuánto dura la memoria de una empresa?, ¿cuánto se tarda en confiar en alguien cuando éste nos ha fallado? Las respuestas traen a mi memoria la conocida fábula de Esopo: la gallina de los huevos de oro.

Cuenta Esopo que había una vez un granjero que cuando fue a recoger los huevos de las gallinas encontró que una de ellas había puesto uno que parecía de oro. Al principio el granjero desconfió, no creía lo que veía, pero cuando estaba a punto de tirar el huevo, pensó: “quizás sea realmente de oro”. Llevó el huevo a un especialista y comprobó que efectivamente era de oro. Al día siguiente se encontró que la misma gallina había puesto otro huevo de oro. Así día tras día la gallina ponía un hermoso huevo dorado. El granjero llegó a ser sumamente rico. A medida que aumentaba su riqueza aumentaba su avaricia; cada día madrugaba más para ir ansioso a recoger el preciado huevo, esperaba impaciente, regañaba e incluso pegaba a la gallina si un día se retrasaba en la hora de poner el anhelado huevo. Su avaricia fue tan grande que decidió -para enriquecerse aún más y más rápidamente- matar la gallina para sacar todos los huevos que tuviera dentro. Sin embargo, cuando abrió la gallina se encontró que estaba vacía. Había perdido su fuente fundamental de riqueza; había destruido lo mejor que tenía.

En los momentos de dificultades económicas, las empresas hacen algo parecido. Se esfuerzan en reducir el denominador de la ecuación de la eficacia. Digamos que ésta depende de lo que se produce partido por la capacidad de producción. Por ejemplo, en el año 2001 las empresas americanas mediante el procedimiento de despidos colectivos prescindieron de 1.890.000 trabajadores; durante el año 2002 está cifra se redujo, por el mismo procedimiento, cerca de un 27 por ciento, situándose en una cantidad de 1.640.000. Con esta medida esas compañías mejoraron sus resultados operativos, pero lejos de mejorar sus resultados netos –que era lo que debían pretender– terminaron reduciéndolos drásticamente y muchas de ellas echando el cierre a su balance.

1 Comentario | Leído 118 veces

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Una respuesta a “La gallina de los huevos de oro”

  1. El articulo esta muy fuerte, pero le felicito por la valentia de exponer todas estas ideas.

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