Psicopatologías empresariales

Terminaba mi anterior post refiriendo a las contracciones a las que se encuentran sometidos los directivos de empresas ya que la situación es más grave de lo que parece a simple vista, por la importancia decisiva que la empresa –y con ella la función directiva– tiene en la economía y en la sociedad actual. En buena medida, la inadaptación de la realidad empresarial a los cambios, la contradicción entre sus mensajes y sus hechos, están sometiendo a la sociedad humana de la que dependen a una tensión psicológica casi esquizofrénica que está haciendo que los protagonistas de las propias empresas, las personas, sufran una especie de psicosis con pérdida de contacto con la realidad y ya sabe, querido lector que según la ciencia médica –concretamente la psiquiatría–, la diferencia entre una psicosis y una neurosis reside en que en esta última no existe pérdida de contacto con la realidad.

¿Por qué mantengo esta tesis? Sinceramente porque creo que a la mayoría de las empresas y a sus directivos se les llena la boca hablando de la importancia de su gente; afirman que es su capital fundamental, y hasta hablan del ser humano como fin. Sin embargo, a la hora de la verdad, demuestran con hechos y decisiones una filosofía que considera a las personas como un medio; incluso se las llama recursos, es decir, algo puramente material, un objeto, una cosa, algo perfectamente sustituible e intercambiable que sirve para hacer algo -siempre lo mismo- en todo momento e independientemente del que el contexto sea uno u otro. Esta cosificación del individuo está lejos de representar lo que realmente es: capital o fuente generadora de valor y riqueza. En función de cómo se gestione este capital su resultado no será siempre el mismo Este comportamiento espurio y falso es el factor desencadenante y fundamental de las patologías, o mejor dicho, de las psicopatologías de las organizaciones.

Las preguntas que ahora deberíamos hacernos serían: ¿cuáles son las raíces etiológicas del problema?, ¿cuáles son las causas responsable de esta patología?, ¿por qué las personas en las empresas viven en una disociación permanente casi esquizoide que les hace perder el contacto con la realidad?, ¿por qué se les dice que son algo especial y luego, a las primeras de cambio, se les retira ese calificativo positivo?, ¿por qué se les asegura que son importantes e inmediatamente se les demuestra su insignificancia?

En mis próximos posts me comprometo a analizar algunas de las actuaciones empresariales que –a mi juicio– son responsables etiológicos de estas psicopatologías organizativas, causantes de los grandes males que padece la empresa.

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