¿Qué es lo importante? | José Manuel Casado

¿Qué es lo importante?

Como les prometí en mi último post, comentaremos hoy una de esas actuaciones empresariales que –a nuestro juicio– son responsables etiológicos de estas psicopatologías organizativas, causantes de los grandes males que padece la empresa. Por comenzar por alguna nos detendremos hoy en la contradicción entre lenguaje económico versus lenguaje humano, porque quizá lo que deberíamos replantearnos es si el lenguaje económico, imperante en el mundo de las organizaciones, es el adecuado para que una empresa viva muchos años. Quizá sea éste propio el que provoque muertes demasiado prematuras.
“Sólo importa la cuenta de resultados” parecen airear los indicadores que a voz en grito y externamente manifiestan las empresas. Sin embargo, no deberíamos olvidar lo que en su día apuntara Einstein: “no todo lo que cuenta se puede contar, ni todo lo que se puede contar cuenta”. De cualquier manera, es cierto que quizá por ese carácter complejo de cuantificar lo cualitativo, la plasmación del valor de la gestión del capital humano ha sido un déficit histórico en la gestión empresarial.

En mi opinión, las empresas están demasiado atrapadas en la cárcel de lo cuantitativo, del número puro y duro. El valor de mercado de las empresas ha dejado de ser un fiel reflejo de su valor contable, y cada día observamos –más allá de los vaivenes puntuales de las bolsas– que no coincide con el valor de los recursos propios.

La diferencia entre el valor contable y el valor de mercado es lo que se conoce como índice de proporción Q, aspecto que fue estudiado por el Premio Nobel de Economía James Tobin, de la Universidad de Yale, hace ya casi 40 años. Cuando los activos físicos eran importantes, este índice era una especie de barómetro para saber si alguna empresa tenía sus activos sobrevalorados. Hoy día hay muchas empresas que tienen un índice Q extraordinariamente elevado, pero son consideradas como auténticas joyas, precisamente por el valor de sus intangibles

Es evidente que en la época empresarial que nos ha tocado vivir -caracterizada por la globalización, la complejidad, virtualización, rapidez, obsolescencia casi diaria de los productos, calidad de servicio y satisfacción de una clientela más sofisticada, desagregada y exigente-, resalta cada vez más el valor de intangibles como la marca e imagen de la compañía, la innovación, el capital humano, el capital estructural y relacional.

Sin comentarios | Leído 54 veces

Tu puedes enviar una respuesta, or trackback desde tu propio site.

Enviar Comentario

*