Razón con Corazón | José Manuel Casado

Razón con Corazón

Parece evidente que en un mundo dominado por la imagen del número, por el reflejo de la cifra, todo lo que no puede ser fácilmente objetivable, ni abarcado por la lógica cuantitativa, se antoja ingobernable para muchas de las mentes gestoras -son la mayoría- que asientan sus principios de dirección sobre una base binaria en las que las matemáticas y la ingeniería ocupan un lugar predominante.

Claudio Boada, uno de los directivos españoles, ingeniero de profesión y con una larga trayectoria en la que ha desempeñado los más altos puestos de dirección empresarial en nuestro país al recibir el Premio Nacional de Ingeniería Industrial a la Trayectoria Profesional, en noviembre de 2001, decía: “la existencia de ingenieros industriales poseedores exclusivamente de grandes conocimientos técnicos y científicos, lógicamente concordantes y adecuados a la carrera, es importante para los compañeros que ejercen la profesión orientada a la tecnología, la investigación y la docencia”.

“Pero en mi opinión, lo es bastante menos para los que ejercemos la profesión al servicio de la empresa con funciones eminentemente generalistas”

Gestionar personas significa no olvidar este principio y recordar que, así como las personas tienen unos principios y valores –un “alma”– que inspiran sus comportamientos, también los tienen, o deben tenerlo, las empresas, que en definitiva no son más que un   conjunto de personas unidas alrededor de un objetivo común.

Las mejores y las peores cosas en nuestra vida tienen que ver más con el mundo de los sentimientos que con la pura lógica de la razón. A pesar de ello, las empresas se empeñan en gestionar y comunicar con su gente exclusivamente a través de la razón, olvidando que la inteligencia humana es un conjunto complejo de procesos interrelacionados: racionales o computacionales, emocionales, volitivos o proyectivos.

La única forma de obtener auténticos y duraderos beneficios es atraer la parte emocional de la gente: clientes y empleados movidos por los sentimientos e imaginación, y no sólo por la mera razón. La forma de lograr instalarse en el mercado de los talentos es centrarnos en el corazón de la gente para conseguir su afecto, su disposición intuitiva y su deseo.

Relea a Pascal y piense en una de sus aseveraciones más sabias: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.

 

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